Hablemos de la realidad a puerta cerrada...
Recuerdas el momento en que sostuviste a tu bebé por primera vez. El amor fue arrollador. Pero en los meses que siguieron, en medio de las madrugadas y rutinas interminables, algo silencioso comenzó a suceder.
Empezaste a mirar el espejo y a no reconocer a la mujer que te devolvía la mirada. Extrañas tu libertad, tu antigo cuerpo y tu antigua vida.
Respira profundo. No estás rota. No eres una mala madre. Estás atravesando una transición psicológica que nadie te explicó.

